La civilidad, su conciencia, su ejercicio.


Maestro, usted ya tiene noventa y tres años de edad y ha vivido varias Venezuelas. Hoy, en su otoño personal, cuando ve en perspectiva todo lo que ha hecho, ¿cómo se siente con su vida?

Me siento bien porque le voy a decir una cosa: yo no supe robar. Yo lo que tengo son libros y he logrado contribuir a que el país sepa que no todos son soldados ni sargentería. Por eso lo primero que hice cuando llegué a Miraflores fue decir: “vamos a trabajar sobre el pensamiento político venezolano del siglo XIX”, ¡porque sí hubo grandes pensadores!
Ramón J. Velásquez (1)

Escribir desde lo civil, reflexionar en la dimensión del término desde el quehacer de estos días tumultuosos en Venezuela, para luego relacionarlo con lo que significa la ciudadanía, no tiene mayor ilustración que la faena que se ha venido desarrollando desde esa sociedad civil, cuando el proyecto político que accedió al poder en las elecciones de 1998 empezó a demostrarse como lo que era, una propuesta de un solo hombre, de formación militar por demás, con todos los poderes a su servicio.


Una experiencia personal.-


Si algo debo agradecer al chavismo es haberme obligado a profundizar en la historia y en lo que significa encontrarle alguna explicación a todo esto tan patético que nos ocurre. No es fácil disertar sobre un tema tan complejo, teniendo en cuenta que mis reflexiones provienen desde una formación alejada un poco del tema político per se. Soy ingeniero y en la etapa universitaria de aprendizaje, mi mundo estaba reducido en importantes proporciones a los números, a las ecuaciones matemáticas de toda índole, a las fórmulas misteriosas que demostraban compuestos químicos, al manejo de datos con utilidad práctica, a la administración, a la gerencia de espacios organizacionales. 

La política como tal no era algo de relevancia o de interés, no era lo primordial para mí en esos tiempos. Pudiera aplicarse aquello que leí en un escrito, la política era aburrida y por el contrario la vida intentaba tener densidad. Conocía de la vida nacional, no era ermitaña ni mucho menos, solo que no había pasión para la defensa de ideales democráticos, porque no entendía muy bien la dimensión amplia del término. Lo daba por descontado. El país cíclicamente iba a unas elecciones donde se alternaba un partido de color blanco y otro de color verde. El morado, el naranja y el rojo eran organizaciones de relleno en el escenario político, no calaba el discurso que desplegaban y a decir verdad, nunca compré el ideal revolucionario. 

En esos tiempos delegaba la política o el solo hecho de pensar en ella, a los interesados por alguna razón particular o a los cabezas calientes que siempre aparecen por allí para conversar, y yo los miraba desde lejos y me decía para mis adentros, esto no tiene que ver conmigo, concluía que todo eso le restaba mucho tiempo al estudio. De más está decir que estar en reuniones o en concentraciones de activismo partidista no estaba dentro de las actividades que cumpliría dentro de la universidad, además se suponía que la universidad era para estudiar no para meterse en política. No recuerdo que mis padres me lo prohibieran, sin embargo tampoco hubo un entorno que me animara a reflexionar en ello.

Observaba a los estudiantes de izquierda, barbudos, con aire de descuido personal, sin mayores pretensiones en la vida que aspirar a un mundo de iguales y que deambulaban por los pasillos persiguiendo imposibles a través de utopías que intentaban materializar con frases y canciones de la Nueva Trova Cubana o de Alí Primera. Por lo general postergaban la culminación de sus estudios en aras de apoyar un ideal revolucionario, por lo tanto, no estaba dispuesta a ese sacrificio tal como ellos lo asumían. En aquél momento tal como en este, pienso que es una fascinación que escapa de mi entendimiento, porque solapa las intenciones autoritarias, dictatoriales y tiránicas de sus principales protagonistas. Solo hablo desde mi experiencia personal.

¿Por qué explico todo esto? Porque mi apatía y la de muchos de mis compañeros fue un error, un monumental error, una equivocación que en estos momentos contemplo con tristeza y horror desde la distancia que impone el tiempo, vista nuestra dramática circunstancia actual. Nací unos años después de que fue instaurado el periodo democrático en Venezuela, así que lo más cercano al tema político fue exaltar la figura de Bolívar hasta la saciedad en la época de primaria, repetir como posesa una sucesión de fechas que identificaban batallas, confrontaciones, rebeliones, revoluciones, sin mayores aspavientos. En bachillerato el asunto no varió mucho y por eso insisto cada vez que puedo en aquello de que la historia que me echaron de mi país estuvo muy mal contada. Tengo que decir que había una asignatura de educación cívica, no caló en mí, no recuerdo que me haya llevado al punto de tomar conciencia de lo que significaba la ciudadanía, lo que era pertenecer a la civilidad. A lo mejor no podía esperar más de una época borracha por el festín de la renta petrolera.


Conceptos claves.-

En mi ejercicio como docente y dentro de una experiencia académica vinculada con la filosofía de la ciencia, me encontré con la grata sorpresa de relacionarme con algo de la historia política del mundo y las bases fundamentales de lo que es la civilidad. Y digo que fue un asombro grato porque se encontraba dentro de un programa de formación para ingenieros. Dentro de la experiencia acumulada en esta tarea y al tratar con los estudiantes el tema de la democracia, me encontré con un gran desconocimiento en relación al término, para la mayoría de ellos solo el derecho al voto debe importar para determinar si existe o no. Partiendo de lo anterior me di cuenta que era necesario aclarar muchas cosas, solo que a diferencia de mi tiempo, ahora sí había la oportunidad de debatirlo en las clases. 

¿Cuáles son los conceptos que considero claves? Además del término democracia, es importante considerar el concepto de República, ¿Qué es el Estado? ¿Gobierno y Estado es la misma cosa? ¿y entonces que es la Nación? ¿Qué nos convierte en ciudadanos de un país? ¿Por qué lo civil se contrapone a lo militar o a lo eclesiástico? En algún instante del día nos hemos preguntado ¿porqué perdimos la alternabilidad en el poder? ¿por qué todo es de un solo color desde hace 18 años? Observo que trajinamos diariamente estas palabras, los conceptos, las ideas y hasta son de obligado uso, sin embargo, ¿sabemos definirlas? ¿Nos hemos apropiado realmente de lo que representan más allá de una simple definición? Considero que no conocer esto de manera solvente, nos coloca en una situación muy vulnerable ante los operadores políticos de dudosa agenda y es allí cuando esa masa amorfa e indefinida llamada pueblo se contrapone a las aspiraciones más legítimas desde lo individual.

¿Liderazgo o “seguidazgo”?.-

Es importante reflexionar en la dirección de un proceso político, sin embargo a esa dirección debe añadirse una contraparte que sepa distinguir y reconocer aspectos fundamentales de esa dirección. No existen líderes sin seguidores y es posible que estos últimos tengan un gran peso dentro de la ecuación de la política. ¿Qué es ser líder? ¿qué características debe exhibir una persona que aspire a un determinado liderazgo político? ¿El líder nace o se hace? El “seguidazgo” para el profesor Ramón Piñango del IESA es tan o más importante que el mismo liderazgo y es aquí donde cobra fundamental importancia la ciudadanía. Conocer nuestros derechos como habitantes de un país está muy bien, ahora, ¿prestamos igual atención a lo que significa tener deberes? En el deber está la ausencia y esa falta ha incidido negativamente en nuestra actuación ante las responsabilidades que implica pertenecer a una comunidad cualquiera. Como un ejemplo ¿Somos espontáneos para postularnos como miembros de la junta de condominio de nuestro edificio, la asociación de vecinos, o cualquier otra iniciativa que implique responder como ciudadanos?

El liderazgo es un concepto apasionante, la bibliografía es extensa para definirlo, para conceptualizarlo, para explicarlo, cada autor que pueda consultarse sobre este tema puede ubicarse tanto en la visión clásica como en una más contemporánea. En la primera pudiera decirse que la postura está basada en una corriente positivista y la contemporánea apuesta por un panorama más extenso, más complejo dentro de las variables que intervienen, es construir, es renovar, es tener siempre presente que el liderazgo que se asume estará en permanente construcción. Cualquier persona que aspire a puestos de liderazgo en esta época, debe prepararse desde lo académico y desde la experiencia constante que ofrece el contacto con aquellos a quienes influencia. No entiendo el liderazgo que se improvisa y existe mucho de esto en la política venezolana.

Sobre lo anterior, es importante en ese liderazgo tomar en cuenta aspectos claves relacionados con el lenguaje, no es solo hablar y hablar, es saber hacerlo, saber comunicar, saber expresar las ideas, que el mensaje llegue sin la necesidad de interpretaciones peligrosas o ambigüedades que comprometan un proceso decisorio. También es importante trabajar un mensaje inspirador, que impulse a la acción productiva, es aquí donde el liderazgo transformacional ocupa puesto preferencial en todo aquél que tenga las intenciones de ejercerlo. El liderazgo transformacional se esfuerza en conocer a las personas que están bajo su supervisión, destaca sus fortalezas para potenciarlas, también está al tanto de las debilidades y cómo esas limitaciones pueden afectar la planificación dentro del trabajo en equipo. ¿Qué observamos en los líderes que actualmente llevan la batuta en la toma de decisiones desde sus puestos de poder, ya sea de oposición o desde el gobierno?

Ramón J. Velásquez (RJV).-

Pensar desde lo civil significa buscar referencias importantes dentro de este campo y la huella que ha dejado RJV en nuestra historia política contemporánea es innegable. No voy a extenderme en su biografía, mi intención es justificar haberle citado. RJV fue designado para llevar las riendas del país en un momento crítico de nuestra historia, posterior al golpe del 4 de febrero de 1992 y la convulsión que significó que Carlos Andrés Pérez fuera destituido en su cargo de presidente del país. Mencionarle no es más que perseverar en lo civil, en contraposición justa a ese germen militarista que pareciera no abandonar nuestra conciencia colectiva a la hora de resolver los asuntos del poder político en Venezuela.

No apoyo la presencia militar en el poder, va contra natura en cualquier sistema de gobierno que se digne llamar democrático y que pretenda apegarse a los más elementales principios de los derechos humanos. El individuo militar solo manda y obedece, no procura consensos, no propone acuerdos, más allá de haber previamente ganado su espacio de terreno mediante la fuerza o la imposición. Lo excesivamente militar en nuestras vidas ha afeado nuestros rasgos civiles hasta en las cosas más simples. La cosa militar fundamenta su existir en la violencia del arma que porta y en la orden que debe obedecer, más allá de las funciones de defensa de nuestra soberanía como nación o en asuntos de orden público. Lamentablemente en Venezuela, el militar se forma en nuestras academias para conspirar, no encuentro otra explicación para que arrastremos a cuestas 187 años de historia militar en el poder. ¿Cómo cambiamos esta realidad?

La respuesta tiene muchas vertientes, solo puedo destacar la educación, la formación en valores cívicos, apropiarnos del significado de ciudadanía. RJV y su historia personal pueden ser una referencia, una luz, hay muchos otros que pueden citarse porque en su ejemplar ejercicio ciudadano, académico y profesional, así como del pensamiento que aportaron desde las publicaciones realizadas, se constituyeron en una voz en contra de esa sempiterna bota militar que nos ha venido acechando desde siempre. Todo este movimiento civil que se ha generado en estos momentos en forma de rebelión y resistencia ante el oprobio de un proyecto político que nos atosiga hasta la asfixia, es inédito, el propio RJV lo reconoce, ni siquiera se compara con lo sucedido al derrocar al dictador Pérez Jiménez y cito:

Ahora, es la primera vez que veo a la burguesía venezolana sinceramente comprometida con algo, con una lucha. Una lucha que ha cambiado a muchos de los representantes de la burguesía del país. El interés por los derechos y deberes, tantas señoras, y tantos gerentes caminando por unas calles que nunca habían pisado, interesados en las reuniones sobre los problemas y firmando manifiestos, y pegando gritos en las calles, eso es un cambio profundo, nunca había pasado en Venezuela. Contra Pérez Jiménez no actuaron así, actuaron los grupitos de activistas adecos y copeyanos y comunistas, y la gente salía alguna vez a reclamar sueldos y salarios, pero las dimensiones de esta marcha y el hecho de que se realicen también en las regiones, es expresión de un cambio profundo. (2)

Venezuela necesita un cambio político, el país clama por el temblor de lo establecido, la nación necesita construir otra conciencia del poder y de la manera cómo es ejercido, entonces, la ciudadanía en cada uno de nosotros debe ser elemento de fuerza. Para que esta victoria sea de civiles, debemos detener las invocaciones espontáneas a la presencia de la fuerza bruta investida en un uniforme verde oliva. Tenemos que aprender a resolver nuestras circunstancias, nuestra convivencia en la polis desde una determinación absoluta a ese reflexionar desde nuestra postura civil. No nos queda de otra. ¿Estamos dispuestos?



Referencias consultadas:
Padrón L (2014). “Yo no supe robar”. Entrevista a Ramón J. Velásquez por Leonardo Padrón. Prodavinci. http://prodavinci.com/2014/06/26/vivir/yo-no-supe-robar-entrevista-a-ramon-j-velasquez-por-leonardo-padron/ [Consultada 28 de abril de 2017] (1)


Arráiz L (2009). Entrevista a Ramón J. Velásquez [1916-2014], por Rafael Arráiz Lucca. http://prodavinci.com/2009/11/28/perspectivas/ramon-j-velasquez-repasa-sus-episodios/ Prodavinci. [Consultada 28 de abril de 2017] (2)

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